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martes, 16 de octubre de 2012

Los influencer y la publicidad



Un microcelebritie es un celebritie pero que en principio solo es conocido en internet (puede tener una identidad en internet y otra distinta en su vida real) por ejemplo nunca se supo muy bien quien era@EspeonzaAguirre, pero llego a tener 600.000 seguidores en menos de un mes. o @ifilosofia que es un filósofo madrileño de 48 años que tiene 1,8 millones de seguidores, que es mucho más de lo que pueden tener algunos famosos. Detras de esta cuenta está Francisco Olmos. 

El pasado fin de semana se celebró en Madrid YouFest, un festival de artistas que se han hecho famosos gracias a YouTube. Cantantes desconocidos o músicos callejeros que recibieron millones de visitas tras colgar un vídeo en esa página. Son las microcelebrities. “¿Conoce a Nada comparado con, por ejemplo, Michelle Phan, una estadounidense de origen vietnamita cuyo canal de consejos de belleza en YouTube tiene más de dos millones de suscriptores y ha recibido más de 500 millones de visionados. Gracias a eso fundó Myglam, una web que funciona por medio de suscripciones. Por 10 dólares mensuales (7,7 euros) se recibe cada mes una cajita con cuatro o cinco productos de belleza. La mayor parte, muestras gratuitas. La fortuna de Phan, que tiene 26 años, se estima en casi tres millones de dólares (2,3 millones de euros).

El concepto clave es la influencia. Se entiende como tal la capacidad de una persona de determinar o alterar la forma de pensar o de actuar de otra. En el argot de Internet se les denomina influencers. Los influencers basicamente son de tres tipos:

El primero de ellos son las celebrities que son famosos fuera de Internet y además tienen perfil en las redes (futbolistas, cantantes, actores, presentadores de televisión, etc...) es decir que  eres conocido fuera de Internet y además tienes un perfil en las redes. En este caso, lo normal es que el famoso en cuestión haga sus propios comentarios, pero se puede dar el caso de contratar a una agencia o agente que te lleve los comentarios.

El segundo son los que son conocidos unicamente en las redes sociales y tienen un número muy importante de seguidores, en este caso estaría @yoriento por ejemplo. Y en este caso, la influencia se mide no tanto por el número de seguidores sino por cuantos te hacen retuit, lo que hará que tu influencia aumente esponencialmente. 

El tercer tipo de influencer son los no famosos, son usuarios activos en twitter que tienen más de 2500 seguidores y a los que se les ofrece rentabilizar su cuenta adaptando ciertas publicidades a sus tuits.

A esta forma de comunicarse también corresponde una nueva forma de publicidad. En el pasado, si un golfista aparecía en una revista anunciando un reloj caro no se esperaba que las masas salieran corriendo a hacerse con él. Se trataba de prestigiar la marca. Pero hoy si una famosa actriz que acaba de ser madre menciona en su Twitter, como la que no quiere la cosa, que ha comprado unos, pongamos, pañales orgánicos para su bebé, ecológicos y efectivos de una determinada marca se espera que el efecto sea que las madres del mundo que confían en ella sigan su ejemplo. Es una captación directa de clientes.

Algo inocuo a no ser que la marca aconsejada lo pague, como descubrió el futbolista Wayne Rooney. ASA —la autoridad que regula la publicidad en Reino Unido— se le echó encima después de que descubriera que uno de sus tuits escondía un anuncio comercial de una de las marcas que le patrocinan. También su homóloga estadounidense —FTC (Fair Trade Comission)— se está poniendo dura con estas prácticas. Lógico, porque los precios son astronómicos. Kim Kardashian cobra 10.000 dólares (unos 7.700 euros) por cada mensaje en el que cuela una marca sin decir que es publicidad. El rapero Snoop Dog se embolsa 7.000 (5.400 euros).

Es un fenómeno importado. Hace ya dos años, The New York Times publicó un reportaje hablando de usuarios de Twitter que se endosaban 3.000 dólares mensuales (2.300 euros) por dejar que empresas usaran su cuenta, y antes de esto pasó con los blogs, es un fenómeno inevitable y según muchos no es negativo, ya que el mismo sistema se transforma y evoluciona. Con los blogueros actuales puede estar pasando algo semejante: al marcar tendencia están señalando la dirección del cambio y el interés de las marcas por ellos indica que en parte lo están consiguiendo. Siempre habrá algunos que se mantengan puros y otros que acepten entrar en la lógica comercial (lo que no tiene por qué ser negativo si se respetan ciertos códigos éticos). La clave es cómo evitar los monopolios y, sobre todo, los oligopolios. Además, siempre habrá innovadores.

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