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miércoles, 6 de marzo de 2013

Cómo conseguir que no te amarguen la vida en el trabajo

Español: Oficina de Bilbomatica S.A., Bilbao.
Español: Oficina de Bilbomatica S.A., Bilbao. (Photo credit: Wikipedia)
Cómo sabemos que en la mayoría de los trabajos acaba habiendo tensiones, es realmente importante saber manejarlas y sobre todo resolverlas. Lo primero siempre es no tener miedo a los conflictos, hay que tener en cuenta que es algo innato al ser humano y que encima en nuestra cultura es lo normal. Un conflicto no tiene porque ser sinónimo de pelea o de violencia, simplemente es una diferencia de opinion, y esto en una empresa debería definirse como algo positivo, ya que está generando innovación y creatividad. De hecho es una característica que muchos jefes potencian ya que fomentan la competitividad y además permiten canalizar la energía.

Hace unos días se publicó un artículo en Expansión.com que compartimos aqui. En él se plantea que solo hay dos formas de reaccionar ante un enfrentamiento: o se afronta o se evita.

Los expertos coinciden en que huir es siempre una mala opción, porque el problema no desaparece, queda como un rescoldo que en cualquier momento puede revivir y explotar de manera más agresiva. A estas dos opciones Ventosa añade otra reacción: “La queja por sistema. Protagonizada por trabajadores que lo que hacen es provocar constantemente a sus compañeros. En estos casos, oculta a un profesional inseguro que quiere llamar la atención”.
La raíz

La solución llega cuando se averiguan las causas de esas peleas. La mayoría tienen su origen en una lucha de control del poder. Es decir, pura competencia. Casado explica que la mala comunicación interna y una equivocada asignación de los roles de cada miembro del equipo son los principales detonantes.

En cualquier caso, cuando ha saltado a la luz la discrepancia, la solución tiene que buscarse entre las partes implicadas: “Recurrir a un superior para que medie sólo daña la imagen del profesional, subrayando su falta de habilidad para trabajar en equipo”, dice la socia de Truthmark.
La solución se debe buscar entre las partes implicadas, sin recurrir a un superior
Aunque parece obvio, es fundamental asumir que existe el problema y tener voluntad de solucionarlo: “Hay que ser valiente, enfrentarte directamente a la situación, hablar con la otra persona con respeto, humildad y sabiendo asumir tu parte de culpa “, resume Ventosa.
La clave para que los pequeños rifirrafes no lleguen a más es el autoconocimiento, señala Casado, que añade que “si sabemos cómo reaccionamos ante los problemas y queremos ponernos en la piel del otro, lograremos la resolución de la tensión”.
Manual para afrontar las disputas

- Crea y mantén un vínculo con tu adversario. La clave para desarticular un conflicto es establecer un nexo de unión o un objetivo común entre ambas personas. No hace falta que te caigan bien, pero sí hay que crear una relación basada en el respeto mutuo y la cooperación.

- Diálogo y negociación. Centra la conversación en las cuestiones más polémicas tratando de buscar un lado positivo. No te muestres hostil ni agresivo. Afronta la negociación como un proceso en el que todos debéis ceder.

-Pon las cartas sobre la mesa. No escondas nada, ni dejes de lado la cuestión más espinosa. Hasta que no salga todo a relucir no llegarán las soluciones.


- Comprende la causa del conflicto. A menudo la raíz de las discrepancias no es tan profunda ni insalvable. Hay que hacer un ejercicio por ponerse en la piel del otro. Determina si la controversia guarda relación con intereses o con necesidades. Los primeros son más transitorios y superficiales, mientras que las segundas son más básicas y difíciles de negociar.
- Reciprocidad. Es fundamental llegar a un punto de colaboración y cooperación. Ten en cuenta que, por lo general, lo que uno da es lo que recibe.
- Construye una relación sincera. Una vez establecido un vínculo y un canal de comunicación hay que cuidar esa relación. Cuando surja una desavenencia abórdala cuanto antes y sé sincero con la persona implicada.




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