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miércoles, 26 de septiembre de 2012

Cuando más entreno más suerte tengo



"Cuando más entreno, más suerte tengo", esta frase la declaró Gary Player, que es considerado como uno de los grandes golfistas de la historia, con 24 títulos de la PGA, y que de una forma muy clara establece una de las grandes premisas que tienen los emprendedores, o que al menos deberian tener. Se dice muchas veces que emprendedor no puede ser cualquiera, que para ser emprendedor se debe pensar de una forma diferente. El esfuerzo es una de las claves fundamentales, y cuanto más esfuerzo mas objetivos...y más suerte...

Pero el esfuerzo se debe acompañar de pasión. Un emprendedor hace de su trabajo su pasión. Y junto al esfuerzo y a la pasión, hay otros cuatro elementos que caracterizan a un emprendedor: ver la oportunidad, creer en el proyecto, ser capaz de liderar y sobre todo rodearse de gente que les ayuden a obtener éxitos.

Probablemente lo más difícil de todo es creer en el proyecto, creer en que los demás, los otros, los clientes, van a aceptar tu idea y la van a querer... Creer en el proyecto cuando tu familia y tus amigos no creen, creer en el proyecto cuando un plan de empresa te indica que quizá no es lo adecuado. Creer en el proyecto y demostrar a los bancos e inversores que va a funcionar.

Generar oportunidades, ya sean comerciales, de negocio o personales, puede depender, en cierto modo, de nuestro esfuerzo y de cómo abonemos el terreno para que esto suceda. Pero las que nos llegan "gratis", las que nos regala la vida, siempre hay que saber aprovecharlas. Es cierto que las oportunidades pueden aparecer muchas veces, que no siempre son las mismas, pero hay que tener claro que eso que ha pasado ha sido una oportunidad y el emprendedor la coge. 

HISTORIA DE LA TETERA ENCANTADA
Hace cincuenta años, un viejo médico rural se fue a caballo hasta el pueblo, ató su montura, entró sigilosamente en la droguería por la puerta trasera y empezó a «regatear» con el joven dependiente. Durante más de una hora, tras el mostrador, el viejo doctor y el dependiente hablaron en voz baja. Después, el doctor salió. Fue hasta el caballo y regresó a la tienda con una gran tetera antigua, y con una paleta de madera (que se usaba para revolver el contenido de la tetera), y las depositó en la parte trasera de la tienda. El dependiente inspeccionó la tetera, buscó en su bolsillo interior, sacó un rollo de billetes y se lo alargó al doctor. El rollo contenía quinientos dólares, ¡todos los ahorros del dependiente! El doctor le dio un trocito de papel en el que aparecía escrita la fórmula secreta. ¡Las palabras de aquel trozo de papel bien valían el rescate de un rey! ¡Pero no para el doctor! Esas palabras mágicas eran necesarias para que la tetera empezara a hervir, pero ni el doctor ni el joven dependiente sabían qué fortunas fabulosas estaban destinadas a brotar de aquella tetera. El viejo médico estaba contento de vender esos objetos por quinientos dólares. El dependiente se arriesgaba mucho apostando todos sus ahorros a un trocito de papel y a una tetera vieja. Nunca había soñado que su inversión comenzaría con una tetera que rebosaría de oro y que un día sobrepasaría el milagroso fenómeno de la lámpara de Aladino.
¡Lo que el dependiente había comprado en realidad era la fórmula de la Coca Cola!







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